Examen Directo. El Abogado Director y el Testigo Protagonista: Técnica de la Invisibilidad del Abogado en el Directo.

Agosto 2020 | Camilo Benítez Vargas* | Chile

Por definición, el interrogatorio directo, es el desahogo de los hechos que se espera del testigo con el objetivo de bonificar favorablemente la teoría de caso del abogado que lo presenta y teniendo siempre como meta persuadir a los jueces o miembros del jurado.

Se ha dicho en muchos cursos de capacitación de litigación que en el examen directo, el protagonista es el testigo y el abogado es el director. La pregunta que surge es, ¿qué significa esto de que el protagonista sea el testigo y el abogado es el director?

Ciertamente, si llevamos nuestras mentes a una película de acción, el director nunca está en escena, el protagonista sí; el director solo dirige la puesta en escena, más no participa de ella. Por tanto, el protagonista, que es el personaje que desempeña un papel principal de la película, debe captar siempre y en todo momento la atención del público en general y hacerle entender que es el personaje principal de la obra.

Dicho lo anterior, si esto lo ponemos en una escena de un juicio oral en un tribunal, el testigo es la evidencia que trae hechos al juzgador, por cuanto este último, lo estará escuchando y observando a fin de evaluar y pesar su calidad evidenciaria y así plasmarlo en su sentencia definitiva que resuelve la controversia entre las partes. En este sentido, el protagonista es el testigo, ya que le relata al juzgador de cómo fueron los hechos en el pasado captando la atención de este último.

Por otro lado, el director que guía al testigo en cuanto a los hechos que éste debe desahogar, es el abogado, toda vez que, por medio de sus preguntas (abiertas), guiarán al testigo en el desahogo de los hechos relevantes de caso.

Ahora bien, si el abogado es el director y el testigo es el protagonista, estando presente el abogado en juicio, ¿cómo logramos visualmente sacar al abogado de la atención del juzgador? Siempre queremos que el sentenciador pueda ver y escuchar todos los hechos que el testigo puede aportar a la teoría del caso de la parte que lo presenta.

En la práctica he visto buenos interrogatorios directos, en donde el abogado le hace a sus testigos muy buenas preguntas y a un buen ritmo, logrando de esta manera “invisibilizarse a los ojos y oídos del sentenciador”, permitiendo a su testigo tener todo el enfoque del juez o jurado.

Ahora bien, la técnica perfecta que invisibiliza al abogado en el directo es entrelazando preguntas pertinentes abiertas a un ritmo adecuado con el ingrediente de “siempre” escuchar la respuesta del testigo.

En efecto, para lograr un buen ritmo del interrogatorio directo, hay que distinguir dos áreas en el cual recae el testimonio del testigo, que son:

a) Áreas importantes del caso.

b) Áreas que no son de mucha importancia para el caso.

En las áreas que sí son de mucha importancia para el caso, el ritmo del interrogatorio directo tiene que ser “lento” (como una suerte de cámara lenta), así el testigo expondrá, detalladamente, todos los hechos relevantes del caso con la debida profundidad necesaria y adecuada. Por su parte, respecto de aquellas áreas que no son de mucha importancia para el caso, en el cual, el testigo debe navegar obligatoriamente sobre uno o varios hechos no tan relevantes, el interrogatorio será más acelerado para siempre focalizar la atención del juez en los hechos que importan a la teoría del caso.

Si el abogado examinador directo logra controlar el ritmo del interrogatorio de su propio testigo que presenta a favor de su caso y logra captar en un 100% la atención del juzgador, logrará invisibilizarse a sus ojos y oídos convirtiéndose en el director de la puesta en escena del juicio oral, siendo su testigo el protagonista.

Si el o los jueces o miembros del jurado miran más al abogado que al testigo, el abogado no está logrando en ningún aspecto los fines del interrogatorio directo, pues pierde la calidad de director de su juicio y además le quita el protagonismo a su propio testigo.


* Autor: Camilo Benítez Vargas, Abogado, Maestro en Derecho con Especialización en Litigación Oral (LL. M.) en California Western School of Law (San Diego, California, EE.UU.), Magister en Litigación y Práctica Jurídica en Universidad Iberoamericana de Ciencias y Tecnología (Chile).

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